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Extract from Viajes de un Colombiano en Europa/Travels of a Colombian in Europe

José María Samper (1860)

This piece, a description of London as experienced by a Columbian writer travelling through Europe in the mid-nineteenth century, is interesting for contemporary UK readers in its dual “othering” of the great British capital – we see it not only through the eyes of a visitor from a very different culture, but also one writing in a very different era from our own.  The source text is written in a highly florid and hyperbolic style, even for its time, which was very enjoyable to try to capture in English.





Mi residencia en Lóndres fue tan corta que a decir verdad, no alcancé a ver sino los rasgos generales de su fisonomía. Lóndres es tan colosal, tan complicada en su estructura material, que para recorrerla en todas direcciones y escudriñar sus secretos se necesita un estudio permanente de algunos años. Y sin embargo, qué extraño fenómeno se encuentra en el carácter de esa inmensa metrópoli! Si para averiguar toda la estadística de Lóndres es indispensable una larga observación, para comprender su estructura general bastan quince días bien empleados.

My sojourn in London was in truth so short that I did not manage to take in much more than the broad outlines of its countenance. London is so vast, so complex in its physical structure, that to explore all four corners of the city and scrutinise all its secrets would require several years of continuous study. And yet, what a strange phenomenon is to be found in the character of this immense metropolis! To conduct a statistical analysis of London, a lengthy period of observation is imperative, but to understand its general structure, fifteen days well used are quite sufficient.

París tiene apenas la mitad de la grandeza positiva de Lóndres, y sin embargo, para estimar en todo su valor la capital francesa se requiere más tiempo que para conocer á Lóndres perfectamente. ¿Por qué? —La razón es obvia: Londres no es absolutamente otra cosa que la metrópoli de la industria y del comercio del mundo, —es decir, el reflejo colosal de una de las grandes faces de la civilización; mientras que París es la metrópoli de la civilización en todas sus manifestaciones; —es una fisonomía compleja y de mil colores. En Londres todo se reduce al movimiento de la riqueza material, con raras excepciones. En París no solo se ve la riqueza en acción, —sino que también se encuentran reunidos todos los tesoros del arte, de la ciencia y de cuánto hay de espiritual y delicado en el refinamiento de la humanidad.

Paris has not even half of the conspicuous grandeur of London, and yet to appreciate the French capital’s full span of riches one needs more time than is required to come to a perfect acquaintance with London. Why? The reason is clear: London is absolutely nothing more than the world’s metropolis of industry and commerce – in other words, the colossal reflection of just one of the great facets of civilisation – whereas Paris is the metropolis of civilisation in all of its manifestations; a complex and multicoloured physiognomy. In London, everything can be reduced to the circulation of material wealth, with very few exceptions. In Paris, not only do we see the movement of wealth; we also find gathered in one place all of the treasures of the arts, the sciences, and all that is sensitive and spiritual in human refinement.

Si la gran capital británica tiene espléndidos jardines y museos, famosos templos, palacios y puentes, parques magníficos, bancos opulentos y multitud de monumentos dignos de atención (generalmente nuevos), los lugares donde esa sociedad debe ser estudiada preferentemente para comprender su condición moral, social y económica, son: la prensa, las calles y el Támesis. Es allí donde Lóndres se revela con toda su evidencia, al través de su ruido ensordecedor, a los ojos del viajero que observa y medita sin preocupación. Si los monumentos públicos acreditan la fuerza y el orgullo del pueblo inglés, las calles de Lóndres y las orillas del Támesis revelan conjuntamente las debilidades y los vicios profundos como las cualidades de esa sociedad, y la prensa su vida política y económica.

For all the great British capital’s splendid gardens and museums, famous churches, palaces and bridges, magnificent parks, sumptuous banks, and all the many other landmarks (generally new) which are worthy of the visitor’s attention, to best understand the moral, social and economic conditions of London society, the places where it should really be studied are threefold: the press, the streets, and the Thames. It is in these places that London fully unfolds itself, accompanied by its deafening noise, to the eyes of the traveller who observes and reflects upon it without prejudice. While the public monuments bear witness to the strength and pride of the English people, the streets of London and the banks of the Thames together reveal the weaknesses and deep vice inherent in this society, and the press exposes its political and economic life.

Pero para adquirir la idea completa, no basta recorrer las grandes arterias de Lóndres donde está acumulada su vitalidad: al contrario Lóndres tiene dos caras, la una que aterra y acongoja, y otra que deslumbra. Es preciso verlas ambas casi simultáneamente, y compararlas sin prevención, para comprender los contrastes asombrosos del conjunto. Quien saliese de Lóndres después de haber estudiado una sola de las faces del coloso, —verdadera esfinge de la humanidad, —llevaría las ideas más erróneas, creyendo, según la parte de fisonomía que hubiese visto, que Lóndres es todo opulencia maravillosa, todo progreso y bienestar, —o bien todo miseria, inmundicia y degradación suprema…

But in order to grasp the full idea, it is not enough to explore the great arteries of London where its dynamism is most in evidence: on the contrary, London has two faces, one which terrifies and distresses, and another which dazzles. One must look on both, almost simultaneously, and compare them without prejudice, in order to understand the astonishing contrasts of the whole. He who leaves London having studied only one face of this colossus, this real sphinx of humanity, will take away the most erroneous ideas, believing, depending on which side its physiognomy he has seen, that London is all magnificent splendour, all progress and wellbeing – or else all poverty, filth and unparalleled depravity…

Examinemos, pues, á Lóndres, empezando por sus calles. No debe olvidarse que Lóndres se ha formado por la reunión paulatina de muchas pequeñas ciudades circunvecinas, ó distritos, á la antigua City del Tamésis, privilegiada y poderosa, que ocupa casi el centro de la inmensa población actual. Así, aunque la ciudad es una sola en su apariencia, se observa una profunda diferencia entre el centro y los arrabales. En estos reina principalmente la actividad de la fabricación, mientras que en el interior está la del comercio;—de manera que en aquella parte están aglomerados centenares de miles de obreros, las calles son mas amplias, las casas más diseminadas y menos altas, y se nota por punto general cierto grado de bienestar modesto que está tan lejos de la opulencia y el bullicio como de las miserias de los barrios centrales. Allí se levantan por millares las altísimas chimeneas de las fábricas, el elegante coche aparece rara vez, los carros repletos de mercancías se cruzan en inmensa multitud, la mendicidad es menos visible, y el trabajo activo se manifiesta donde quiera, sin el espectáculo del lujo y de los suntuosos palacios y almacenes brillantes.

Let us, then, look closely at London, starting with its streets. It should not be forgotten that London came into being through the gradual assimilation of many small surrounding towns, or boroughs, into the old City of London [1], a bastion of wealth and power located almost at the very centre of today’s vast metropolis. Consequently, although it has the appearance of a single city, there are significant differences between London’s centre and its outlying areas. While commerce reigns in the centre, the outskirts are dominated by manufacturing; and so here hundreds of thousands of workers are gathered together, the streets are wider, the houses more widely spaced and not as tall, and in general there is evidence of a certain degree of modest prosperity which is as far from the extravagance and bustle as it is from the grinding poverty of the inner suburbs. Here, the towering chimneys of factories jut up in their thousands, the elegant carriage is very seldom seen, great throngs of carts teeming with goods weave their way around each other, dishonesty is less apparent, and everywhere one looks there is evidence of active work, with none of the ostentation of luxury, of lavish palaces and shimmering department stores.

Pasando de esos arrabales al centro de la ciudad hay un terreno de transición generalmente apacible y hermoso, que se compone de barrios aristocráticos y elegantes, establecidos al derredor de parques de una magnificencia agradable, particularmente hacia el oeste de la ciudad. Allí, en las cercanías de los parques del Regente, San James, Green-Park, Hyde Park y otros varios, están los ricos palacios, las elegantes quintas de suntuosas fachadas, las bellas casas de tres o cuatro pisos nomas, que habitan las gentes acomodadas, los palacios de recreo y de residencia real, y en fin toda la parte de la ciudad destinada exclusivamente al comfort, donde en vez de fábricas y almacenes no hay sino paseos, mansiones más o menos aristocráticas, calles anchas, limpias y tranquilas, plazas en cuyo centro se mantienen dentro de verjas de hierro bellísimos jardines, y todo lo que puede revelar el buen gusto y la comodidad.

Crossing from these suburbs into the centre of the city, there is a generally peaceful and handsome transition zone made up of aristocratic and elegant neighbourhoods, which, especially towards the west of the city, are set around pleasingly majestic parks. Here, in the environs of Regents Park, St James’ Park, Green Park, Hyde Park and a number of others, are found the opulent palaces, the elegant, exquisitely fronted family seats, the beautiful homes which, over no more than three or four floors, house the wealthy, the pleasure palaces and official residences of royalty; in short, the entire segment of the city given over exclusively to luxury, where instead of factories and warehouses there is nothing but avenues, aristocratic and rather less aristocratic mansions, broad, clean and peaceful boulevards, squares sheltering exquisite gardens in their centres behind iron fences, and everything that intimates comfort and good taste.

Si las fábricas y las clases trabajadoras sedentarias ocupan los arrabales, y la sociedad elegante está agrupada al derredor o en las cercanías de los parques, así como en algunas grandes calles del centro, tales como la de Piccadilly y otras vecinas, el gran foco de los negocios y la actividad comercial se encuentran en los barrios centrales. Es recorriendo a Oxford (la calle) Regent, el Strand y las calles más animadas de la City, como Ludgate, Cornhill, Cheapside, etc., que se puede admirar ese flujo y reflujo de gentes, de coches, de mercancías y de cuanto puede causar ruido; ese hormigueo de mendigos asquerosos frotando sus harapos con las capas suntuosas de las damas elegantes; ese inmenso conjunto de almacenes y tiendas de variedad y riqueza increíbles; ese ruido sempiterno y complejo de mil ecos que proceden de las voces más heterogéneas; ese conjunto grotesco de ventas de víveres, de órganos de Berbería, de artistas callejeros y extravagantes, de saltimbancos brutales y adiestrados en la explotación de los necios, de pilluelos ladrones espiando toda ocasión de hacer su negocio; ese ir y venir de cocheros insolentes, verdadera canalla entre todos los bribones del mundo; ese espectáculo de oro y mugre, de grandeza y oprobio, de orgullo y prostitución, de hambre y egoísmo, de lujo y aniquilamiento social…

If the factories and the sedentary working class occupy the outskirts, and elegant society is clustered around or near the parks and in some of the great thoroughfares of the centre, such as Piccadilly and others nearby, the greatest concentration of business and commercial activity is found in the central districts. Walking down Oxford Street, Regent’s Street, the Strand and the City’s most bustling streets, such as Ludgate Hill [2], Cornhill or Cheapside, is the best way to admire that ebb and flow of people, carriages, merchandise, and every noisy thing; that bustle of revolting beggars, their rags rubbing up against the plush capes of elegant ladies; that vast array of department stores, shops offering a plethora unfathomable riches; that perpetual, multi-layered din of the most diverse voices echoing in their thousands; the grotesque mass of hawkers and their wares, of barrel organs, of street artists and eccentrics, of thrilling acrobats skilled in taking advantage of fools, of thieving rascals on the lookout for any opportunity to ply their trade; that coming and going of surly coachmen, the real riffraff amongst all the world’s crooks; this spectacle of gold and muck, of grandeur and shame, of pride and prostitution, of hunger and selfishness, of luxury and social annihilation…

Lóndres tiene dos grandes aristocracias, a cual más curiosa, que reinan en todos sus barrios: la nobleza, orgullosa en extremo, pero que, no obstante su orgullo, fundado en el nacimiento y la riqueza, tiene cierta elevación de ideas debida a la instrucción y a la injerencia activa en los negocios públicos; y la aristocracia monetaria, familia de banqueros y especuladores de bolsa, de comerciantes, fabricantes y usureros que, salidos de la nada, a fuerza de especulaciones laboriosas, cuando llegan a la opulencia suelen olvidar su origen, renegar la santidad del trabajo que les dio fortuna, y sentados sobre pilas de oro como sobre tronos invulnerables, miran con desprecio a veces á la multitud como un enjambre de viles insectos! Esta segunda aristocracia, la más noble por su origen—el trabajo, —pero la más odiosa en parte, por su conducta, —el egoísmo y el orgullo,—es la que tiene la soberanía en el centro de Lóndres.

London has two great aristocracies, both equally bizarre, which rule over all of its boroughs. First there is the nobility; excessively proud but nonetheless founded on superiority of birth and wealth, endowed with some elevation of mind by education and through active involvement in public affairs. Then there is the aristocracy of money; the families of bankers and stock market speculators, of businessmen, manufacturers and money-lenders who, coming from nothing on the strength of hard-won speculation, on arriving at affluence often forget their origins, renouncing the sanctity of the hard work that earned them their fortunes. Seated on their piles of gold as if on impervious thrones, they glance down occasionally in distain at the masses, as if they were no more than a swarm of loathsome insects! This second aristocracy, the most noble in its origins (that is, work) but in some ways the most abhorrent in its conduct (its selfishness and pride) is the one that holds sovereignty in the centre of London.

¡Y qué contraste el que hacen las carrozas doradas de esos banqueros millonarios y esos nobles opulentos, con los harapos hediondos y ridículos de millares y millares de mendigos! Los unos salen a ostentar su grandeza, y brillan a la luz del sol o de las innumerables centellas de gas que iluminan las calles, persuadidos de que la turba los admira como semidioses. Su orgullo les hace mirar como animales a sus semejantes que rodean la carroza, hambrientos, agotados de fatiga, degradados por todos los vicios y luego pisoteados en las grandes calles por los caballos que tiran la envidiada carroza. ¡Engaño miserable del orgullo! Esa turba macilenta y enhambrecida ve pasar a los poderosos con un sentimiento de odio profundo que los contrastes envenenan. Cada uno de esos pobres parias de la sociedad se dice con despecho sombrío: «Muchos de estos hombres tienen cien, doscientas, quinientas o más libras esterlinas de renta por día, o cuando menos veinte, —mientras que yo apenas puedo conseguir, cuando mejor me va, tres, cuatro o seis peniques para mantenerme con inmundicias…. Lo que uno de esos señores gasta en uno solo de sus magníficos caballos sería bastante para asegurar la subsistencia de toda mi familia…. Los perros de ese lord son más respetables y felices que yo; y la querida de ese banquero gasta en sus guantes cada semana mucho más de lo que mi esposa, que es honrada, gana con sus fatigas de un año entero….»

And what a great contrast between the gilt carriages of these millionaire bankers and splendid nobles, and the stinking, outlandish rags of the thousands and thousands of beggars! The first drive out to display their opulence, shimmering in the light of the sun or the countless gas lamps that light the streets, convinced that they are venerated like demigods by the mob. Their pride lets them look down on their fellow men as if they were animals as they swarm around the carriage, hungry, consumed by fatigue, ruined by every vice, and later run over in the main streets by the very horses that draw the coveted carriage. What wretched deception comes from pride! That sallow, starving rabble watches the powerful go by with a feeling of profound hatred, embittered by the contrast. Every one of these sorry social pariahs says to himself, with gloomy spite, “Many of those men have a hundred, two hundred, five hundred or more pounds of income, every single day, twenty at the very least, while I, even when things are going well, can barely scrape together tree, four or maybe six pennies to keep me in filthy rags…what one of those gentlemen spends on just one of those splendid horses would sustain my entire family…that lord’s dogs are more respectable and content than I am, and what that banker’s sweetheart spends on her gloves in one week is a good deal more than what my wife, an honest woman, earns in a whole year of drudgery.”

¡Quién sabe cuántas maldiciones acompañan los suspiros del miserable indigente que así piensa, en tanto que el noble lord medita en el proyecto de una cacería o en la seducción de una joven, o el banquero egoísta va calculando las ventajas de su juego de bolsa!

Who know what curses accompany the sighs of the wretched pauper who harbours these thoughts, while the noble lord reflects on his plans for his next shooting trip or the seduction a young girl, or while the arrogant banker calculates the profits of his latest amusement at the stock exchange!

Copyright © 2016 Ruth Grant. Source text published by Project Gutenberg under a Creative Commons Licence.


Samper, J. (2004) Viajes de un Colombiano en Europa I [1860]. Project Gutenberg e-text. http://www.gutenberg.org/ebooks/14329 [Accessed 24 February 2016].


[1]: The place name used here in the source text is Ciudad del Tamésis. This is a rather puzzling term; the literal translation would be “Thames City”, which is a much more recent formulation in English referring to a hypothesised city region encompassing London and parts of the South East of England, and not at all suitable here. I can find no other reference to “Thames City” or “City of the Thames” in the historical literature, and so can only conjecture that the author has made a mistake and intended to refer instead to “The City of London”, which makes sense in the immediate context.

[2]: The source text simply refers to Ludgate, but presumably the author is referring to Ludgate Hill as the place in question is clearly a street, and the original Ludgate was demolished in 1760.


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